ronnachu: ((HP) Gay)
[personal profile] ronnachu
Sigo con mi intención de tener esto terminado para Navidad ^^ Sólo nos queda un capítulo para completar la traducción de la obra de Sometimessophie, así que espero que disfrutéis éste =P

Título: El proyecto sin título de Jared Padalecki
Título original: The Jared Padalecki Untitled Project
Autora: [livejournal.com profile] sometimesophie
Pairing: Jensen Ackles / Jared Padalecki
Rating: PG-13
Disclaimer: Jensen y Jared se pertenecen el uno al otro. La magnífica historia pertenece a [livejournal.com profile] sometimesophie. Yo solo traduzco y hago squee con su talento.
Resumen: Tras la cancelación de Supernatural, Jensen y Jared no se hablan. Pero una peli es una peli, y a Jensen de verdad le vendría muy bien el dinero.

~ Capítulo 1 ~
~ Capítulo 2 ~
~ Capítulo 3 ~
~ Capítulo 4 ~
~ Capítulo 5 ~
~ Capítulo 6 ~
~ Capítulo 7 ~
~ Capítulo 8 ~



El proyecto sin título de Jared Padalecki ~ Capítulo Nueve




—¿Por qué? —pregunta Jared, limpiándose un rastro de sangre de la boca con el interior de la muñeca y tirando un trapo de la encimera sobre el pecho de Jensen. Éste hace una mueca ante el ligero contacto, pero sigue ahí tirado, dejando que la sangre de su nariz gotee por su cara hasta el suelo.

»¿Por qué? —vuelve a preguntar Jared, con voz ronca y aún marcada por el enfado—. ¿Es sólo que te gusta joder, Jensen? Actuando como si fuéramos amigotes y haciéndome pensar… —Niega con la cabeza y se da la vuelta, como si no pudiera siquiera mirarlo a la cara—. Lo que sea —dice bruscamente—. Esto ha terminado.

No cierra la puerta cuando se va, y Jensen se queda ahí escuchando los ruidos cotidianos que se cuelan desde el exterior, sin pensar realmente en nada aparte de que mañana por la noche es la fiesta de Tom y Mike y duda que vayan a ir juntos, después de todo.

Se lleva ausentemente el trapo a la nariz y trata de detener el flujo de sangre.

~

Jensen mira una maceta horrible, subiendo y bajando incansablemente la rodilla. Son las nueve y cuarenta y ocho minutos del Día Después, y está sentado en la sala de espera adornada con cromo y cristal ante la oficina de Mark, sintiéndose demasiado como si hubiera vuelto a la escuela y estuviera esperando que el director le echara la bronca. El rumor no había tardado mucho en llegar arriba, al parecer, porque el tío de primeros auxilios acababa de pasarle una bolsa de hielo cuando le sonó el móvil y una encantadora secretaria concretó una cita con el productor ejecutivo a las nueve y cuarto exactas al día siguiente, educada pero firme al desechar las objeciones de Jensen. Lleva ya esperando media hora en el edificio (evidentemente, Mark no está preparado aún para verlo), con la calefacción demasiado alta y pensando que estaría más intimidado por el juego de poder si su cuerpo no fuera una masa sólida de dolor apenas contenida por la piel.

El comunicador suena y la rubia platino sentada tras el escritorio le dirige una mirada.

—¿Señor Ackles? —dice—. El señor Finnburg está listo para atenderlo.

Jensen asiente y se levanta cuidadosamente de la silla, demasiado baja, sintiendo que los moretones de los que se había olvidado felizmente vuelven a hacerse notar. Le hace una mueca a la chica cuando llega a la puerta.

—Nos vemos al otro lado, espero —dice, mientras pone la mano sobre el pomo. Ella sonríe, compasiva, y sus ojos quedan atrapados en los cardenales que empiezan a amoratarse sobre su mejilla derecha antes de que Jensen entre al despacho.

Mark lo mira, impasivo, y recorre los daños con la vista durante un momento, antes de hacer un gesto serio hacia la silla frente a su escritorio.

—Siéntate —dice, y en su tono está clara la orden. Jensen obedece, tenso, con cuidado, y trata de no revolverse.

»Te has jodido bastante bien, Jensen —dice Mark, y es una afirmación informal. Reclina su poderoso cuerpo sobre el respaldo de la silla, haciendo el cuero crujir suavemente bajo él, y lo estudia con una media sonrisa lúgubre en el rostro—. Te avisé.

—Sí, señor —dice Jensen, sin molestarse en ocultar la amargura en su voz. No dice nada más (cosas como en mi defensa, he de decir que lo intenté o Jared me pegó primero), porque sabe que no va a marcar la más mínima diferencia.

—Tal y como se acordó, recibirás solamente la mitad de tu sueldo original. Tu abogado ya ha sido contactado.

—Sí —vuelve a decir Jensen, y sus manos se convierten en puños sobre los reposabrazos.

—Te alegrará saber que tus acciones no han perjudicado el calendario de rodaje de manera irreversible —continúa Mark, con voz peligrosamente ligera—. Andrew me cuenta que hay varias escenas con personajes secundarios que pueden adelantarse con efectos limitados en el presupuesto y en la fecha de finalización estimada. Tienes alrededor de una semana para que tu cara vuelva a su estado normal.

Jensen asiente, no especialmente sorprendido. Anoche, metido en una bañera caliente y tratando de deshacerse del dolor de sus miembros a base de mojarlo, le dio vueltas a todo. Las ramificaciones habrían sido mucho mayores si el rodaje no estuviese centrado en Los Angeles, y lo sabe.

—Ésa, sin embargo —dice Mark, echándose adelante para apoyar sus fuertes brazos sobre el escritorio y estudiar a Jensen con sus ojos intensos—, no es la razón por la que estás aquí. Eso te lo habría dicho sin problemas por teléfono.

Jensen lo mira —la tensa palidez de su ancho rostro y el rubor que amenaza con subir por su cuello, la rigidez de sus hombros— y decide que de verdad no lo quiere saber.

»Jared dice que se va.

Jensen aprieta los labios con fuerza y no dice nada al principio. El tráfico de fuera sigue apagado por el ancho cristal, el sol sigue brillando débilmente, y los ojos de Mark siguen encendidos de ira. Jensen respira hondo.

—¿Oh?

—Sí, oh —repite Mark, violencia contenida en su voz, y se inclina aún más sobre la mesa como si quisiera estirarse por encima del escritorio y agarrar a Jensen por la garganta—. Y no creo que sea una suposición demasiado arriesgada la de asumir que tú eres directamente responsable de esa decisión.

—En realidad —dice Jensen, y sonríe, tenso y serio. Es una venganza insignificante pero lo hace sentir bien—, yo le echaría la culpa a tu maldito contrato.

Mark se lo queda mirando antes de corresponder a su sonrisa, sólo que la suya es un poco más grande, con más dientes a la vista.

—Llegados a este punto —dice—, la distinción importa más bien poco. Seguirás siendo tú el encargado de volverlo a traer al redil, sea como sea.

Jensen resopla, y sacude la cabeza.

—No, me parece que no.

Mark se queda en silencio un momento, sólo mirándole, y después se encoge de hombros descuidadamente, un gesto que queda fuera de lugar junto a su camisa almidonada y su traje planchado.

—Ésa es una mala noticia, Jensen —dice, con un deje desagradable en la voz—, porque lamentablemente significa que no verás nada de tu dinero durante mucho tiempo.

Es una amenaza descarada, y Jensen se queda inmóvil durante varios latidos mientras queda colgada en el aire, entre ellos.

—No he sido yo quien se ha echado atrás —dice, con cuidado, sintiendo que el frío consume su estómago porque no hay manera de que pueda permitirse no recibir paga por los meses que ya ha invertido en esta película—. Es mi dinero y yo he cumplido todas las malditas exigencias que me pusiste. No es culpa mía si Jared se acojona…

—Me parece que mi equipo legal puede hacer de éste un caso bastante bueno —dice Mark, cortándolo con indiferencia—. Seguramente lo conseguirías al final, pero estará tan envuelto en procedimientos judiciales que podría llevar años. Y también habría que tener en cuenta los impuestos legales. Captas la idea, estoy seguro.

—Hijo de puta —dice Jensen, y se levanta, apenas sintiendo el tirón de los músculos dolidos de lo enfadado que está—. Necesito ese dinero.

—Lo sé, y esto no es nada personal, Jensen, créeme —dice Mark fríamente—. Pero ¿qué puedo decir? Es un negocio despiadado, y esta película no va a fracasar bajo mi tutela. Necesito a Jared de vuelta, y tú harás todo lo que puedas para traerlo. Ten éxito, y recibirás tu dinero. No tendremos que volver a hablar de esto.

Jensen deja escapar una risa ahogada, y hay un cierto deje histérico en ella.

—¿Y cómo coño me las apaño para hacer eso, eh? —Señala su cara—. Por si no te has dado cuenta, él y yo no estamos exactamente en el momento más amistoso de nuestra relación. Ni siquiera va a estar dispuesto a hablar conmigo, maldita sea.

—No me importa lo que hagas —dice Mark, y su atención ya se ha desviado a los papeles que tiene delante, como si esto ya hubiera terminado—. Por mí como si te acuestas con él.

La mandíbula de Jensen se encaja con rabia, y ni siquiera encuentra las palabras.

—Que te jodan —dice por fin—. Puedes buscarte a otro puto sirviente. —No espera respuesta cuando se da la vuelta y sale de la oficina, sin siquiera mirar a la agradable secretaria cuando pasa delante de ella.

~

Cuando Chris lo llama más tarde, ese día, para ver cómo ha ido la reunión, Jensen deja que sea él quien hable la mayor parte del tiempo.

Así que ese hijo de puta te ha quitado la paga, ¿eh?
—Sí.

Putos cabrones corporativos. Supongo que el hecho de que fue Jared… nah. La próxima vez que lo vea, puedes apostarte el culo a que ese chico y yo vamos a tener una pequeña charla sobre mantener esas jodidas garras alejadas de ti. No tiene ni puta idea de lo que esto… Maldita sea, Ackles, ¿no crees que…?

—No.

Eres imbécil, ¿lo sabes? ¿Qué daño puede hacer a estas alturas? Contárselo…

—Maldita sea, Chris. No.

Vale, vale. Dios. ¿Quieres que vaya para allá con algo de tequila?

—Estoy bien.

¿Estás seguro, Jen? Suenas…

—Estoy bien, Chris. Estoy bien.

Chris llama un par de veces más, y Jensen deja que salte el contestador.

~

Hay una lata de cerveza calentándose a su lado en el sillón, y una botella de escocés contra su pecho, que se aligera con cada trago, y aunque Jensen no está exactamente disfrutando de un rato agradable, la ligera sensación de desconexión provocada por el exceso de alcohol es mucho mejor que estar sobrio ahora mismo. La tele ilumina de color las paredes, pero hace más de hora y media que no la mira conscientemente, y el volumen está tan bajo que apenas interrumpe sus ideas… ideas como que tal vez tenga que vender la casa. Ideas como mudarse con Chris, o tal vez tirar por fin la toalla y volver a Texas con sus padres durante un tiempo, encontrar trabajo allí.

No son pensamientos especialmente felices, y Jensen sólo los pincha con un palo mental por el momento, sin estar realmente preparado para seguirlos. Ha tenido casa propia durante años, y sencillamente se parece demasiado a perder la independencia, a ser una carga no deseada, a tener treinta y tantos y estar fracasado. Incluso después de la espiral descendente después de Supernatural —tener que buscar otra casa más barata, y otro coche, y hasta el maldito champú—, nunca ha necesitado caridad. La sola idea hace que tome otro trago de licor y agradezca el ardor en la garganta.

Su móvil vibra al lado de la cerveza, y Jensen no hace nada al respecto durante unos momentos, aparte de escuchar el extraño sonido del plástico contra la madera, whirr, whirr. Chris, piensa, y suspira largamente antes de recogerlo torpemente con la mano equivocada, porque la otra está ocupada cuidando del whiskey. Lo sujeta y mira el identificador. Lo sigue mirando mientras el teléfono vibra en su mano, con la boca seca de pronto y los latidos de su corazón resonando por toda su piel.

Jared móvil

Se lo queda mirando estúpidamente hasta que el trasto se queda en silencio y la pantalla en blanco. Cierra los ojos un largo rato y se pregunta si Jared quería gritarle obscenidades o sólo hablar, y si él está de humor para cualquiera de las dos cosas en este momento. Envuelve el móvil con una mano mientras toma un trago doble de alcohol y trata de no atragantarse cuando vuelve a vibrar —sólo una vez— y la pantalla se ilumina: nuevo mensaje de voz recibido.

Vacilante, Jensen pulsa escuchar y se lleva el teléfono al oído, acercándose el liso, frío cristal del escocés al pecho y mordiéndose el interior de la mejilla con dolorosa fuerza. Ya está pensando que tal vez debería eliminarlo cuando empieza la voz que le anuncia el mensaje, pero luego oye el zumbido del ruido real y frunce el ceño, acercándose el teléfono a la oreja y escuchando con más atención de la que tendría que poner si estuviese sobrio.

Jared, al parecer, ha ido a la fiesta de Mike y Tom de todos modos.

Jensen, llega el acento tejano, entrecortado y demasiado cerca del micrófono, y Jensen agarra el móvil con más fuerza, notando cómo su estómago se encoge un poco. Hay otra voz en la retaguardia, una voz que dice Jared, tío, de verdad que no quieres hacer eso, hazme caso, y luego Jared, vete a la mierda, Tom, gilipollas, como si estuviera borracho como una cuba pero aun así lo dijera de verdad. Hay una pausa, la música sube de volumen y luego baja, y el sonido de una puerta que se cierra con más fuerza de la necesaria. Luego, silencio. Jensen, vuelve a decir Jared, como si fuera la única palabra que importara. Jen.

Jensen aprieta los labios con fuerza, y su pulgar acaricia la suave y curvada superficie del teléfono. Quiere devolverle un Jared al aparato. Jay.

Quería decir, sigue Jared, y su voz es más ronca de lo habitual, estrangulada por la emoción y la bebida, que Dave… que tú haciendo de Dave… Lo que dijiste, de que yo te abandoné. Eso es mentira, Jen. Mentira, ¿vale?, porque tú… Tú me dejaste primero, Jen. Tú primero. Y yo nunca… Yo no lo habría hecho. Se queda en silencio durante un momento eterno y Jensen no puede respirar. Te odio, dice Jared con tristeza, y suena como si de verdad quisiera decir exactamente eso. Joder, te odio tanto, Jen. Y a veces… Exhala ruidosamente sobre el micrófono, a veces desearía no haberte conocido. Suena pequeño e inseguro y hay una pausa torpe antes de que la línea se corte.

Jensen se queda sentado, inmóvil, y escucha la voz mecánica pregrabada que le informa de que no hay nuevos mensajes, sintiendo cómo un horrible, mareante dolor surge bajo su esternón.

Quiere lanzar el móvil al otro lado de la habitación. Quiere romperlo. Quiere aplastarlo contra la pared. Pero no lo hace. Se limita a colocarlo con cuidado a su lado y levantarse con dificultad del sillón, dando otro trago a la botella que sigue pegada a sus dedos antes de salir penosamente de la sala y subir las escaleras.

Su destino es el pequeño cuarto junto al baño, no mucho más que un armario glorificado, y el lío de estanterías en una pared. No ha visto el libro que está buscando en más de un año, pero eso no significa que no sepa exactamente dónde está: tercera estantería a la derecha, al lado de una caja con los juguetes de bebé que compró para su sobrino y guarda con la creciente barriga de su hermana en mente, fuera de la vista pero no fuera del alcance. Busca a ciegas hasta que sus dedos entran en contacto con el encuadernado aún nuevo y baja el libro, sujetándolo sin mucha fuerza contra su estómago mientras coloca cuidadosamente el escocés sobre la alfombra y se derrumba por la pared a su lado, apenas sintiendo las quejas de sus cardenales a través de la inmunizadora calidez del alcohol.

En la portada, el rostro de Jared está indemne. Su sonrisa es tan ancha como siempre, blanco resplandeciente junto a la piel morena y los lunares que aún no habían probado el pincel de aire. Es una buena foto, natural, feliz, y Jared no había visto a Jensen desde hacía más de un año cuando se tomó. Le queda bien ese aspecto, piensa Jensen, y la idea se le queda grabada. No quiere pensar en Jared ahora, con un ojo morado y el labio partido, bebiendo hasta llegar al coma, solo en una habitación de la casa de Tom. Odiando a Jensen.

Se pregunta cuándo empezó a importarle de nuevo. Se pregunta si alguna vez dejó de importarle, realmente.

Levanta la tapa con cuidado y revisa página tras página ilustrada, pasando los dedos sobre las imágenes de Jared: Jared con sus perros, Jared abrazando o dando la mano a este famoso y aquel director, Jared nadando, Jared corriendo al amanecer. Se detiene cuando llega a la sección de Supernatural; se detiene, y mira, y respira.

Estas fotos le son conocidas de un modo que hace daño: Sam y Dean, Dean y Sam, el Impala y las armas y los largos cuchillos brillantes. Hay bastantes imágenes de Jared con la ropa de Sam, sonriendo ampliamente y haciendo el payaso y poniendo pucheritos. Hay una de Jensen con la boca abierta, esperando que la nieve llegue, y recuerda el frío que calaba los huesos aquel día —primera hora de la mañana, unas semanas antes de Navidad— como si hubiera sido ayer, y no hace años.

Sólo hay una imagen de los dos. Sentados uno junto al otro en sus sillas y todo el cuerpo de Jared está girado hacia Jensen, el guión entre las manos, una sonrisa en el rostro, y Jared tiene la mano sobre la boca, el grueso anillo de plata de Dean en el dedo, y mira a Jared como si fuera todo su puto mundo.



Jensen no se acuerda de eso. Cree que debió de haber sido finales de la primera temporada, o principios de la segunda, a juzgar por el pelo de Jared, y el hecho de que hiciera el calor suficiente como para llevar sólo una camiseta, pero eso viene a ser todo. Demasiadas veces se sentaron así, con las rodillas casi tocándose, y él escuchaba a Jared hablar, lo miraba reír, se preguntaba cuánta suerte podía llegar a tener. No hay recuerdos concretos, sino una cálida impresión colectiva, y Jensen no se acuerda de ese momento por mucho que lo intente.

Se lleva la botella al pecho, pero no bebe. Sólo acaricia con la yema del pulgar el rostro de Jared, frotando ausentemente, y se traga con ansia el ruido que le araña el interior de la garganta. Se pasa las manos por la cara y presiona la parte interior de la muñeca sobre sus ojos húmedos, y piensa que por la mañana estará bien porque podrá decirse a sí mismo que fue sólo el alcohol.

~

Los moretones se han vuelto amarillos y tiene una barba de tres días cuando suena el timbre. Una, dos veces, y luego el persistente zumbido de un dedo que no se separa del botón. Es sólo cuando se detiene y empiezan los golpes, fuertes e insistentes, que Jensen maldice y levanta el culo de la silla. Pasa por las habitaciones en bata y zapatillas de andar por casa, con el café en una mano y deseándole la muerte al mundo en general.

Se queda mirando a Jared fijamente cuando abre la puerta.

—Jensen —dice Jared, y baja la mano que estaba usando para aporrear la puerta. Sus ojos se quedan sobre la cara de Jensen un segundo, y luego bajan para asimilar la bata y las rodillas desnudas. Cambia el peso del cuerpo, incómodo, sube la barbilla, y lo vuelve a mirar a los ojos—. ¿Puedo pasar?

La cara de Jared está casi tan mal como la suya propia, y tiene los ojos cansados, pero está afeitado y el polo que lleva está limpio y le queda bien. A pesar de todo, tiene buen aspecto. La mano de Jensen que sujeta la puerta aprieta con más fuerza. Luego da un paso atrás, y le hace un gesto de invitación sin una palabra.

—La cocina está por ahí —murmura, cerrándole la puerta al mundo, dejándolos sólo a ellos dos, demasiado cerca en la semioscuridad de su vestíbulo—. Hay café en la cafetera. —Jared sigue mirándolo fijamente, y Jensen aparta la mirada, notando el calor que le sube por el cuello—. Voy a cambiarme.

Arriba, le lleva demasiado tiempo ponerse unos vaqueros y una camiseta. Oye a Jared rebuscando por los cajones bajo el suelo, oye sus pasos sobre el linóleo y con cada sonido su estómago se tensa de los nervios. Se mira en el baño del espejo, se echa agua por la cara y se pasa una mano húmeda por el pelo, deseando poder lavárselo. Luego se seca las manos en la parte de atrás de los vaqueros, cierra los ojos y se ordena no derrumbarse, antes de girar el pomo de la puerta y bajar lentamente las escaleras.

Jared está sentado a la mesa de la cocina, ambas manos envolviendo una de las tazas de Jensen y haciéndola parecer diminuta. Mira pensativo a la esquina izquierda de la habitación, donde la humedad del papel pintado no queda del todo escondido por el tributo a Miguel Ángel que hizo Chris en forma de escultura hecha con latas. Jensen se queda parado en el marco de la puerta y recuerda de forma dolorosa exactamente por qué no quería que Jared viera su casa.

Las baldosas crujen bajo sus pies descalzos, y Jared gira la cabeza.

—Ey —dice suavemente—. Te he preparado más café. —Asiente hacia la taza humeante que tiene enfrente, y Jensen se da cuenta de que ha dejado la suya arriba—. Como a ti te gusta.

Jensen asiente y avanza, tenso. Echa la silla atrás y se sienta, incómodo e inseguro de qué hacer con las manos. Después de un momento, imita a Jared y las pone alrededor de la cerámica caliente. Se quedan en silencio.

—Bueno —habla Jared, al fin—. Hoy he ido a ver a Finnburg.

Su voz es tranquila y serena, y si no conociera a Jared tan bien como lo conoce, podría haber pensado que no pasaba nada. Jensen aprieta los labios y asiente, sin mirarlo a los ojos.

—¿Cómo te...?

—Chris me ha llamado. —Jared hace una pausa, para dejar que asimile la información—. Me lo ha contado todo.

Jensen se queda mirando sus propias manos con aire ausente, y luego se levanta de la mesa, con una mueca en la cara que pretende ser una sonrisa.

—¿Quieres un poco más de leche con eso? —pregunta, levantándose demasiado rápido y abriendo la puerta de la nevera con sólo algo más de fuerza de la necesaria—. Porque la mía está jodidamente caliente, y tío, la cafeína pasada por agua es mejor que nada, ¿me entiendes? Aún es demasiado jodidamente temprano...

Se oye el chirriar de las patas de la silla y luego Jared está detrás de él, quitándole la puerta de la nevera de los dedos insensibles con suavidad, y cerrándola. La lista de la compra de Jensen es un borrón sin sentido delante de sus narices, sujetada por un imán morado en forma de letra J, y hostia puta, podría matar a Chris por esto. No se da la vuelta.

—No lo sabía, Jensen —dice Jared, voz suave y urgente, respirando las palabras cálidamente contra su nuca—. Te juro que no lo sabía. Ha sido una mierda muy jodida y si tú crees que quería eso... que yo quería que fingieras... Dios, te juro que no lo sabía.

Jensen se agarra a la encimera con sus manos de nudillos blancos, aún con rasguños por hundirlos en la cara de Jared.

—Lo sé —dice suavemente—. Lo sé. Nunca he pensado que pudieras estar enterado.

Jared suspira pesadamente y deja una mano sobre la encimera cuando se hunde un poco, como si el alivio fuera demasiado. Su pulgar está cálido en el lugar en que descansa sobre una herida de Jensen, y éste no se aparta.

Después de un momento, Jared vuelve a hablar con voz ronca:

—He recuperado tu dinero. Todo.

—No te he pedido que lo hicieras.

—No tenías que hacerlo —dice Jared, casi violento de repente—. Es tu puto dinero, y hasta el último dólar está en tu cuenta bancaria ahora mismo. He pedido confirmación del banco y todo.

Jensen cierra los ojos e intenta tragarse el remolino de emociones que trata de subir por su garganta. Quiere preguntarle a Jared por qué no le importa que hiciera lo que hizo, sólo por dinero. Quiere preguntar cómo puede ser tan jodidamente fácil perdonarle.

—¿Cómo lo has hecho? —pregunta, en lugar de eso.

Jensen siente el encogimiento de los hombros de Jared junto a su espalda, muy cerca de su piel.

—Le dije que terminaría la película. Entre otras cosas.

—¿Por qué?

Jared deja escapar una risa débil, y el sonido no es alegre en absoluto.

—¿Tú qué crees? —pregunta, intenso—. Jen, desde que tú... desde que me fui de Supernatural, no he...

—No —interrumpe Jensen, con más bilis de la que pretendía usar—. Sólo... no hablemos de eso, ¿vale?

Jared cambia el peso de su cuerpo y pone la otra mano sobre la encimera, rodeando a Jensen con los brazos, manteniéndolo preso en su sitio. Si se hubiera apretado contra la espalda de Jensen, él se habría girado y le habría dado un empujón, pero Jared mantiene la distancia, no avanza.

—No —dice, decidido—. No, Jensen. Esta vez voy a decirte lo que pienso. Porque llevo cinco putos años lamentando no haberlo hecho, y me está matando, ¿me oyes? —Respira hondo, un sonido extraño y tembloroso, y cuando vuelve a hablar, su voz es más tranquila—. Nunca te he olvidado, Jen —dice despacio, con cuidadoso énfasis—. Desde Supernatural, no he estado con nadie más, y si crees que eso es el chiste que Chad piensa que es, te juro por Dios que te estrangulo aquí mismo. —Jensen se queda muy quieto, el labio inferior dolorosamente atrapado entre los dientes.

»Me hiciste tanto daño, joder, y yo quería devolvértelo, ¿sabes? Y cuando recibí esa oferta... Pensé que al menos intentarías detenerme. Y estabas tan jodidamente cabreado, Jen, parecía que querías matarme. Y luego empezaste a pegarme y yo te devolví los golpes, pero ni una vez dijiste “quédate, Jared, hostia”, como esperaba que dijeras. Eso habría sido suficiente... Ni siquiera juntos, ¿sabes? Sólo como amigos. Podría haber aguantado eso. Pero sólo parecía que querías vomitar cada vez que me veías.

Jensen se siente como si Jared lo estuviera despedazando, trocito a trocito, con la retahíla de confesiones contra su cuello. Mira al frente e intenta desesperadamente no sentir, sus manos sujetando la encimera tan fuerte que le duele.

»Bueno —dice Jared, suavemente, y su voz suena como si la hubieran arrastrado sobre gravilla—. Esto es decisión tuya, Jensen. Quiero todo lo que estés dispuesto a darme, pero no volveré a intentar forzarte para que esto funcione. Porque, bueno, eso ha funcionado jodidamente bien con nuestra situación actual, ¿verdad? —dice con cansancio, y sus manos lo liberan.

»El rodaje vuelve a empezar el lunes, y Andrew dice que más te vale plantar el culo allí. —Hay un breve silencio, una vacilación, y Jensen quiere la mano de Jared sobre su hombro, un consuelo, cualquier cosa. Pero Jared no lo toca—. Sé dónde está la puerta.

Jensen cuenta los pasos de Jared hasta la puerta principal, escucha el cerrojo abrirse y la puerta cerrarse suavemente. Despacio, despega los dedos del borde de la encimera, se da la vuelta, y se desliza hasta el suelo mugriento. Levanta las piernas, descansa los brazos sobre las rodillas e intenta volver a juntar los pedazos de sí mismo.

~

Era un jueves por la mañana, soleado y luminoso, y Jared entró a su tráiler sin llamar, con una sonrisa de felicidad en la cara. Deslizó dos dedos en el cinturón de Jensen y lo empujó hacia sí, haciendo que sus muslos y caderas entraran en contacto. Habló del episodio que estaban grabando, de que su madre quería volver a ver a Jensen, y qué le parecía ir de vacaciones a Europa durante el hiatus (¿el sur de Francia, tal vez?).

Jensen alzó la vista hacia el rostro de Jared.

—No puedo seguir haciendo esto, Jay —dijo.

Jared dejó de hablar, y frunció el ceño. Luego sacudió la cabeza, puso una cálida mano sobre la espalda de Jensen y sonrió de medio lado.

—Eres un cabrón, Jen. No sé por qué te quiero tanto.

—Hablo en serio —gruñó Jensen, apartándose del abrazo de Jared, y a juzgar por la expresión de éste parecía que Jensen le acabara de clavar un cuchillo en el abdomen y lo hubiera empujado hacia arriba, encajándolo bien entre sus órganos internos.

—¿Qué? —preguntó—. ¿Cómo...? ¿Por qué?

Jensen se giró entonces, pasándose una mano por la nuca y deseando que no doliera tanto como dolía.

—Mi hermano me llamó ayer —dijo entre dientes, y era un puto cobarde por cargarle el muerto a Josh porque era mucho más que eso, pero la llamada lo había sacudido, había solidificado algunas de las preocupaciones de su mente—. Me dijo que por supuesto respetaba cualquier estilo de vida que yo eligiera pero me preguntó si yo era de verdad gay por Jared Padalecki, porque había visto algunas fotos de la rueda de prensa y tú me estabas agarrando el culo. —Se rió sin alegría, y cerró las manos en puños—. Hablaba en serio.

Jared alargó una mano entonces y la dejó sobre el hombro de Jensen, el pulgar acariciando en círculos sobre la camiseta. Jensen se lo quitó de encima y supo que el gesto lo había ofendido por el silencio a sus espaldas.

»Oye —dijo, y su voz se quebró apenas un poco—. Nunca he querido ser gay... y no lo soy, ¿vale? Porque nunca me ha gustado un tío antes de ti, y no puedo lidiar con ello. No quiero que mi familia se entere. No quiero que todo el puto mundo crea saber lo que hay entre nosotros. Sabes que saldrá a la luz algún día, Jared. A veces incluso me pregunto si quieres que salga... Como si quisieras toda esa mierda de la prensa y las montañas de insultos y que la serie lo pague todo. —Se giró en ese momento y miró a Jared, cuyo rostro estaba más pálido de lo que lo había visto nunca y cuya boca se cerraba en una línea descendente y angulosa—. Esto no es un puto cuento de hadas, Jared —dijo, intentando ser mordaz—. Tú y yo nunca vamos a casarnos y adoptar un crío y tener cinco jodidos perros en un rancho en mitad de Texas. En algún momento del camino, las cosas van a cambiar, y preferiría que toda mi carrera profesional no se viera arruinada por esta cosa que tenemos... No cuando podría terminar en un par de meses.

No quería estar tan enfadado, tan cerrado, pero pensaba que si se daba el tiempo suficiente para calmarse, para pensarlo mejor, iba a empezar a llorar por todo aquello. Y entonces empezaría a rogarle a Jared que lo perdonara... que lo volviera a aceptar.

—Podría —dijo Jared, suavemente, como si esa palabra fuese el puto santo grial—. Podría, Jensen. También podría durar años.

Jensen inhaló bruscamente. Luego se dio la vuelta y salió del tráiler sin otra palabra.

Las siguientes dos semanas fueron las peores de su vida. Esa mañana parecía haber encogido a Jared, de alguna manera, y deambulaba a ciegas por el set como si ya no pudiera importarle. Intentar que Dean y Sam trabajaran juntos en pantalla se había hecho jodidamente imposible, y siempre que Jensen lo veía —siempre que atrapaba la mirada de Jared en su dirección—, la tensa bola de dolor en sus entrañas se apretaba un poco más y tenía que apartar la vista. No podía estar tumbado en la cama sin pensar en Jared, no podía dormir sin soñar con él y, después de decirle que era el hijo de puta más gilipollas que conocía, Chris lo sentó en una silla y —en lo que debía de haber sido la conversación más embarazosa de la historia— le dijo, básicamente, que siguiera a su corazón.

Llegó el sábado por la mañana, y Jensen se despertó sintiéndose más despejado de lo que se había sentido en días. Tarareó mientras se ponía los vaqueros, se comió tres tostadas, y estaba saliendo de casa para ir a ver a Jared cuando sonó el teléfono.

Kripke fue amable, pero Jensen seguía temblando de ira cuando por fin colgó. Luego cerró de un portazo, arrancó el motor del coche y se fue directo a casa de Jared, todas sus buenas intenciones tiradas a la alcantarilla.

En lugar de pedirle perdón, se abrió los nudillos contra la cara de Jared.

~

Rompió una mesa de cristal, ¿sabes?, dice Andrew, un par de días después. Ha llamado para hacer horarios y pedirle que le adjunte una foto de su cara, porque al parecer el “se está curando muy bien” de Jensen no es suficiente.

—¿Qué?

Jared. Rompió una de las mesas de Mark Finnburg. Una de ésas de cristal, pesadas, junto a la puerta. Le dio la vuelta y la rompió cuando Mark estaba diciendo nosequé de un contrato que firmaste. Quería denunciarlo también, según he oído. Y tuvieron que llamar a seguridad al final, para evitar que le partiera los dientes.

—Ah —dice Jensen, incapaz de encontrar las palabras.

Eso mismo, dice Andrew.

~


[Continuará en el décimo y último capítulo]
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