ronnachu: ((ST) Spock beaming)
[personal profile] ronnachu
Esta tarde me he enterado de una cosa que me tiene hiperemocionada y dando saltitos de felicidad: MI FANFIC FAVORITO EN EL MUNDO MUNDIAL TIENE SECUELA!!!!



Ya está escrita y en proceso de beteo, y llegará estas Navidades, y es laaaaarga, y me va a encantar porque [livejournal.com profile] seperis no es capaz de nada que sea un poquito menos que maravilloso. Así que, para celebrarlo, traigo el primer cachito de mi traducción de este fic.

Son unas treinta mil palabras de estas historias que te dejan con ganas de más, y con ganas de hacer algo al respecto, de aprender, de reír, de llorar. Todo el fanfic está escrito desde el punto de vista de Spock, algo que puede ser un fracaso y que [livejournal.com profile] seperis consigue de forma magistral, con comentarios inteligentes y un humor sutil que lo inunda todo y da al conjunto la idea de obra maestra. Hay dos líneas temporales distintas que se desarrollan paralelamente, creando una intriga creciente y explorando, al mismo tiempo, los inicios de la relación entre Kirk y Spock (partiendo del mismo final de la película), y una etapa más avanzada de su amistad, con el "asunto" de Kirk. El argumento es sencillamente una maravilla; se explora la situación política universal, las razones de Starfleet para actuar como actúa, distintas subtramas en que se involucra la Enterprise. Y, por encima de todo, se explora la psicología de los personajes. Son ellos, en cada gesto, en cada palabra; son los nuevos Kirk y Spock que han sido creados entre Roddenberry, Abrams, Nimoy, Quinto, Shatner y Pine. Y son ellos sometidos a situaciones donde tienen que pensar, actuar, cambiar cosas que habían dado siempre por hechas y adaptarse a situaciones completamente inesperadas. Y hacer trampas.

Nota para language!freaks: Estreno aquí algo que descubrí el otro día: Cuando, en el seno de un diálogo, el comentario del narrador no se introduce con un verbo de habla, las palabras del personaje deben cerrarse con punto y el inciso del narrador debe iniciarse con mayúscula. Hee.

Título: Llegarás al final (sólo lleva algo de tiempo)
Ubicación original: aquí.
Autora: Seperis
Traductora: Ronna
Fandom: Star Trek XI (spoilers de la película)
Pairing: Kirk/Spock
Rating: G (por ahora)
Resumen: Unos meses después de tomar control de la Enterprise, James Kirk sufre de una extraña enfermedad que Spock se siente obligado a investigar.
Notas de la autora: Gracias a [livejournal.com profile] svmadelyn, que preleyó, beteó, y puede que tiranizara pero sólo un poquito; [livejournal.com profile] shinetheway, [livejournal.com profile] drlense y [livejournal.com profile] grammarwoman, que betearon y animaron; y [livejournal.com profile] transtempts y [livejournal.com profile] winterlive por leer mientras escribía y confundirse cuando se me olvidaba dónde lo habíamos dejado la noche anterior. Después de todo eso, todos los errores son definitivamente míos, y unos que me he emperrado en cometer.
Notas de la traductora: El original está dividido en cuatro capítulos largos, pero yo he hecho una división distinta en doce fragmentos que viene mejor a mis propósitos. Como siempre, sugerencias y críticas serán bienvenidas. Oh, y mi BFF Y me ha hecho unos separadores maravillosos para este fic, porque le doy galletas ella es así de genial. Para verlos en grande o comentarlos, su DeviantArt.

Emblema de Spock: para saltos entre las dos líneas temporales que aparecen en el fic
Emblema de Kirk: para separación dentro de una misma línea temporal.

Así que esto va dedicado a ella, que me aguanta todo y más, me escucha cuando me emociono con cosas que no le interesan, me ayuda en todo y encima me regala cosas y hace como que me quiere para tenerme contenta ♥♥.

También para [livejournal.com profile] criandomalvas, obviamente, porque todo lo relacionado con Star Trek es también suyo. Porque me pasó este fic, y porque me informa deficitariamente de las cosas que son relevantes para mis intereses.




Llegarás al final (sólo lleva algo de tiempo)


UNO

Se tardan tres coma veintiséis horas en completar las preparaciones para salir de la Enterprise; un transporte directo a la Tierra no estaría permitido, normalmente, pero la prioridad médica del doctor McCoy es suficiente para hacer llegar la autorización con menos complicaciones de las que Spock podría haber evitado por su cuenta.

—Buena suerte —dice McCoy, la cadera apoyada contra la consola, los brazos cruzados con excesiva calma, la boca tensa—. Vas a necesitarla.

Spock lo ignora, asintiendo ante la sonrisa de ánimo de Nyota desde los controles, y se concentra en escuchar el ronroneo que señala el comienzo de la desmaterialización.

La aparición de una granja asentada en medio de interminables olas de tierra quemada por el sol no debería ser tan sorprendente como le resulta; ajustando su kit predeterminado de Starfleet, Spock comprueba las coordenadas por puro hábito y después se acerca a la entrada destartalada, buscando sin éxito los habituales controles para el anuncio de un visitante antes de golpear con firmeza sobre la pintura desconchada de la puerta.

Es improbable que haya llegado a la casa equivocada; Spock hace una pausa antes de intentarlo de nuevo. A pesar de la calma campestre, no se oye más que el susurro del viento contra la estructura de la granja, y los sonidos aún más débiles de animales nocturnos saliendo de sus escondrijos, ahora que el atardecer oscurece el cielo. Echando un vistazo al tricorder, Spock observa la única señal de vida existente mantenerse inmóvil durante otro minuto, y después vuelve a llamar.

—¡Ya voy! Por Dios, ¿no puede uno conseguir unas cuantas horas de sueño?

La señal de vida se mueve, acercándose a lo que son probablemente unas escaleras para llegar al primer nivel de la casa, y Spock ve cómo los datos empiezan a fluctuar inmediatamente, mientras los efectos de un sueño intranquilo pierden efecto. Irregulares picos de adrenalina siguen a repentinas liberaciones de endorfinas que se adentran al espectro amarillo, excediendo con ventaja la media humana. Hasta un punto, de hecho, que ni siquiera las últimas comprobaciones de McCoy habían predicho.

La puerta se abre bruscamente, y Spock alterna sus observaciones entre el rostro del capitán y el tricorder; la adrenalina se dispara, llegando al rojo y quedándose ahí, al tiempo que se oye una inhalación de sorpresa y se detecta un aumento en el ritmo cardiaco. Kirk no lo estaba esperando, pero esto no es simplemente sorpresa.

—Capitán —dice Spock.

—Es como una entrega de pizza —dice el capitán despacio, apoyando con cansancio un hombro en el portal—, sólo que lo que tienes en las manos es un tricorder y yo no he pedido pizza.

Spock lo ignora, terminando el escáner antes de guardar el aparato.

—Tengo entendido que ahora es cuando yo debería decir «¿no va a invitarme a pasar?».

Los ojos del capitán se estrechan.

—No. Ahora es cuando te digo que te vayas a la mierda. Después me enumeras las leyes de la Termodinámica hasta que te digo que te calles, y tú consigues lo que quieres de todas formas. Así que, en realidad, ¿para qué molestarse? —Dándose la vuelta, retrocede hacia el interior de la casa, pasándose una mano por el pelo distraídamente—. Mi casa, tu casa; lo que sea, yo me vuelvo a la cama.

Spock cierra la puerta tras él, sin sorprenderse ante las persianas bajadas en cada ventana ni por las cortinas que se enfrentan al sol de la tarde. Siguiendo la sencilla estructura de la casa, encuentra al capitán sentado en las escaleras, rodillas contra el pecho y pies descalzos balanceándose sobre el filo de un escalón.

—¿Cuándo comió por última vez, señor?

El capitán alza la cabeza, dirigiéndole a Spock una mirada confusa, como si hubiera olvidado que estaba ahí.

—No. Si te plantas en mi casa, sin invitación (algo que yo prohibí explícitamente, de hecho, más de una vez), dejas esa mierda del capitán.

Spock inclina la cabeza.

—¿Cuándo comiste por última vez, Jim?

El otro rechina los dientes. No es una reacción inusual, pero Spock no se ha cansado aún de provocarla.

—Antes de salir de la nave.

—Dos coma siete días, entonces. —Spock señala hacia la cocina—. El alcohol no es un sustitutivo aceptable para la nutrición adecuada que…

—Ni. Se te. Ocurra.

—Te prepararé algo. —En general, con James Kirk, es más sencillo limitarse a hacer y volver nuevo para dar explicaciones. Entrando a la cocina, Spock se dispone a encender las luces.

—No.

Vacila cuando Jim se apoya en el marco de la puerta. Incluso bajo la tenue luz, la tensión es claramente visible tras la expresión cuidadosamente controlada; y la pérdida de peso, sorprendente, considerando el relativamente corto espacio de tiempo que ha pasado desde que lo vio por última vez, horas antes de que se transportara a la Tierra en sus vacaciones anticipadas y cortara las comunicaciones.

—No era consciente de que la sensibilidad luminosa fuese un síntoma —dice suavemente. Él no necesita luz para ver bien, de cualquier manera; la soltura en los pantalones del chándal de Jim es tan perfectamente visible como su palidez.

—Es un continuo descubrimiento, pasar un día por aquí —dice Jim amargamente—. ¿Qué vas a hacer?

Spock lee el menú del replicador y queda insatisfecho ante las opciones. Abriendo el panel de control, añade tres subrutinas que serán suficientes hasta que tenga tiempo de trabajar en una selección más amplia.

—¿Tienes alguna preferencia? —Jim se encoge de un solo hombro, y luego se aparta de la puerta para coger una silla, darle la vuelta y sentarse a horcajadas sobre ella, sus manos cerrándose con engañosa despreocupación sobre el metal del respaldo.

—Me da igual. No tengo hambre.

—Eso es irrelevante.

Spock recoge las botellas aún llenas y las suelta en el reciclador, ignorando el gemido lastimero de Jim («¿Sabes lo difícil que es conseguir que un replicador te haga algo aparte de sintetol?»), antes de volver al replicador e introducir un código de bloqueo. Jim podría indudablemente encontrar el modo de burlarlo, pero no tiene intención de dejarle el tiempo suficiente para tal cosa.

El capitán sigue mirando fijamente al reciclador con aspecto traicionado cuando Spock le lleva una sopa que, según le ha asegurado Nyota, combina una naturaleza nutritiva con una temperatura lo suficientemente baja como para no causar daños irreparables en caso de que Jim decida tirársela a Spock.

Jim parece debatir consigo mismo unos momentos, y después recoge la cuchara con rebeldía.

—Vas a quedarte ahí de pie mirándome fijamente a no ser que coma, ¿verdad? —Spock inclina la cabeza; no sería la primera vez—. ¿Y luego te irás? —No suena convencido, pero Spock no ve la necesidad de disipar cualquier ilusión que pueda hacer esta comida más fácil. Mientras Jim se abre paso a través del cuenco, Spock saca el tricorder y estudia los análisis. Mejor, pero sólo relativamente hablando—. Por cierto, esto es muy malrollero.

—Si te ves incapaz de funcionar como un adulto y atender a tu propia salud, se hace indefectible…

—¿Has usado la palabra "indefectible"? ¿De verdad?

—… la presencia de alguien más que lo haga por ti hasta que vuelvas a ser racional. —Spock considera esto último—. O, al menos, regreses a tu nivel usual de irracionalidad.

Jim le dirige un ceño fruncido, pero el cuenco está vacío, lo cual era el objetivo de este ejercicio en particular. Dejando caer la cuchara, Jim se echa atrás en la silla con los brazos cruzados.

—¿Contento?

Spock no se molesta en contestar, ocupado como está en investigar los contenidos de la unidad de refrigeración; no lo sorprende ver que hay poca comida almacenada, y una gran cantidad de botellas. Eso no es inesperado; lo preocupante es el número de aquéllas que han sido ya consumidas.

Jim no discute mientras lo ve reciclarlas todas, brazos sobre el respaldo de la silla, concentrado tan intensamente que Spock siente su mirada casi como un contacto físico. Consciente de estar siendo observado, ralentiza sus movimientos, abriendo el historial del replicador y enviándolo al tricorder para un posterior estudio. Puede aportarle una mejor estimación del punto en el que está Jim que unos análisis de tricorder que nunca debieron existir en un cuerpo puramente humano.

—No puedo dormir sin eso, ¿sabes? —dice Jim quedamente—. Los sedantes que Bones me dio son bastante ineficientes, y eran de los más potentes que tenía. A no ser, y cito textualmente, que vaya buscando un coma a la antigua. Tiene un punto fetichista, pero no es lo mío.

Spock se vuelve para encararlo, el borde de la encimera contra su espalda.

—El etanol ha cesado de resultar útil; en caso contrario, no habrías insistido en consumirlo en estas cantidades. —Aunque Spock debe admitir que no había considerado la eficacia de la cerveza romulana en sus cálculos, tal vez porque ni siquiera James Kirk debería ser capaz de conseguir que un replicador produzca sustancias prohibidas—. Tu próximo movimiento lógico sería experimentar con distintos productos farmacéuticos no aprobados para el consumo. No considero inteligente el permitir que tal paso sea efectuado.

Jim pone los ojos en blanco.

—Será mejor que eches un vistazo al baño antes de irte —dice, ahora con aspecto cansado—. La seguridad de los replicadores es un timo últimamente. —Spock dirige una mirada hacia las escaleras.

—Asumo que el doctor McCoy te proveyó de…

—Ya casi he terminado con la parte aprobada para uso humano. De todos modos, soy un sujeto de estudio estupendo, así que la ciencia gana algo en el proceso. —Kirk descansa la cabeza sobre sus brazos cruzados. De repente, dice—: Tienes que irte. Ya falta poco.

—No creo que eso sea inteligente. —La boca de Jim se tensa.

—No era una sugerencia.

Sacando un portapapeles, Spock cruza la habitación y lo desliza sobre la mesa.

—Como puedes ver, había previsto tu… renuencia. Aún no está rellena, pero el doctor McCoy se ha comprometido a hacerlo si se hiciera necesario.

—¿No te parece que declararme incapacitado para el mando es un poco extremo? —Jim se echa adelante sobre la silla, cogiendo el portapapeles y leyéndolo de una ojeada. Cuando alza la vista, sin embargo, no parece sorprendido—. Hm. La verdad es que eso era una broma. Así que es esto o el Centro Médico de la Flota, ¿eh? A tu gente no le haría ninguna gracia.

—Hay un tiempo —dice Spock lentamente, ocupando la silla enfrente de la de Jim— para la discreción. Y hay un tiempo para la necesidad. —Jim suelta el portapapeles bruscamente—. Esto es lo necesario.

El capitán asiente sombríamente antes de cerrar los ojos y respirar hondo.

—Si me tocas —dice, lentamente—, te mataré. O tendrás que matarme. ¿Queda claro?

Spock asiente.

—En tus palabras: como el agua.



Nyota se había ido sólo una hora antes; no sería apropiado que se la viera dejar el camarote de Spock por la mañana y, en cualquier caso, su presencia tendía a sustituir horas de sueño. Así que la indicación de la puerta de que alguien esperaba admisión había sido una sorpresa.

Es aún más sorprendente que ese alguien sea el capitán… el cadete Kirk.

—¿Comandante? —dice Kirk, con un aspecto sorprendentemente despierto para alguien que seguía en el bar cuando Spock y Nyota se retiraron anoche.

—¿Puedo ayudarle? —La sonrisa se apaga sólo en sus bordes.

—Me gustaría hablar con usted sobre nuestros cargos. —Spock suspira. Por supuesto.

—No tengo control sobre su asignación, señor Kirk —empieza, pero Kirk, como es típico en él, lo interrumpe.

—Pero su petición tendría un gran peso. —Aparentemente interpretando la mirada inexpresiva de Spock como una invitación, entra en la sala, radiando energía apenas contenida—. Cuando usted tenga su nave, apreciaría que se me considerara para la posición de primer oficial.

Spock parpadea una vez.

—En mi nave.

Kirk asiente con rapidez, casi dando saltitos a pesar de la postura de atención formal; cómo se las apaña para dar esa impresión es algo de lo que Spock no está completamente seguro.

—Sí. Me gustaría entregar una solicitud para su estudio. —Hace una pausa, su cuerpo entrando en tensión—. A pesar de nuestras diferencias, creo que trabajamos bien juntos.

Los humanos, piensa Spock, tienen una definición sorprendentemente inusual de la palabra “bien”.

—Señor Kirk…

—Cierto, tuvimos ciertas… dificultades, al principio —dice, desechando tres cuartas partes de su relación con un gesto de la mano—. Pero creo que cuando por fin llegamos a entendernos, nuestros puntos fuertes se complementaban.

—Cuando estábamos haciendo lo que usted deseaba, sí, era muy fácil trabajar con usted —dice Spock, reconociendo por el tono que, aparentemente, éste es un discurso que Kirk ha practicado; y sin sentir deseo alguno de escucharlo—. Pero en cualquier caso, señor Kirk, debo declinar, por interesante que la remota posibilidad pueda presentarse.

Algo cambia, invisible, incuantificable y sorprendente; la energía contenida se esfuma, y la expresión de Kirk se torna ilegible.

—¿Puedo preguntar por qué, señor?

—No siento la necesidad de justificarme —dice Spock, tenso, y, de alguna manera, Kirk da la impresión de haber perdido las articulaciones—. Si eso es todo…

—Sí, señor, lo es —el saludo militar de Kirk es de manual—. Gracias por su tiempo.

Después de que se vaya, Spock se plantea un trance meditativo, pero la improvisada discusión se niega a salir de su mente, y la estudia a lo largo de sus tareas de la mañana, preguntándose por el repentino cambio en el estado de humor de Kirk. Los humanos son generalmente inexplicables, pero él parece empeñado en alcanzar un nuevo nivel de irracionalidad. No es particularmente sorprendente, pero sí que resulta distrayente cuando tiene cosas más importantes que considerar, por no hablar del asentamiento de su gente y la organización de su propia dimisión y traslado.

Ve a Kirk dos veces más antes de su examen oral final, del que Spock es perfectamente consciente ha sido alterado de los retos a que se enfrentaría cualquier otro cadete. Al ser una de las dos únicas personas que ha tenido a Kirk bajo su mando, se requiere su presencia como testigo. Por ello ve cómo Kirk permanece en pie ante la élite de oficiales de la Flota Estelar, con la misma susceptibilidad que mostraba en su audición por fraude académico.

Es consciente del segundo en el que Kirk lo ve, al observar su lenguaje corporal vacilar y alterarse; la irritabilidad se agudiza antes de que sus ojos azules se centren de nuevo en el conjunto de almirantes y capitanes.

Cuando el interrogatorio comienza, Spock se descubre pensando que la Flota Estelar y la Academia de Ciencias Vulcanas podrían tener más en común, en lo que respecta a sus altos rangos, de lo que había sospechado en un primer momento.



—¡Señor Kirk!

Se detiene abruptamente, con los hombros encajados a la defensiva en una posición que probablemente acabará en un incómodo tirón en caso de que Kirk no busque asistencia médica.

—Comandante.

Spock lucha contra el impulso de acelerar el paso; Kirk parece a punto de echar a correr ante la más mínima excusa y, tras las últimas ocho horas, Spock no lo culparía por completo.

—Me gustaría presentar mi enhorabuena ante su actuación —dice Spock; la mayoría de especies tienden a requerir apoyo emocional tras la superación de tareas difíciles y, lógicamente, parecía apropiado que fuese él quien lo ofreciera. Con la movilidad del capitán Pike aún reducida a la enfermería, y la consecuente pérdida del consejero de Kirk, no queda nadie más para asumir la posición.

Kirk le dirige una mirada de reojo, cargada de sospecha.

—Ha sido un desastre.

Podría haber sido mucho peor; Spock conserva vívidos recuerdos de un telarita incómodo y el repentino fallo de los sistemas de control ambiental.

—Ha sido apropiado.

—Voy a tomarme eso como que está de acuerdo, y mantendré la esperanza de que me dejen pilotar una nave basurera —contesta Kirk, tenso—. Si me disculpa…

—Está usted descontento. —Kirk se detiene y le dirige una mirada dura.

—Es como si me leyese la mente y no hubiese estado ahí durante las ocho horas —dice Kirk amargamente—. ¿O es que se ha perdido el…?

—Señor Kirk…

—¿De qué coño iba eso? —dice el otro, la tensión esfumándose bajo una oleada de pura rabia. Sorprendido, Spock observa cómo se gira bruscamente y se aleja tres pasos antes de encararlo de nuevo—. Sé que he aprobado todos y cada uno de los malditos exámenes finales, y tengo todas las horas de los créditos. Nunca dedican tanto tiempo a esto a no ser que…

—Ha sido de una duración inusual —admite Spock, pero aparentemente Kirk ha perdido la habilidad de procesar cualquier información que no proceda de sus propios labios.

—¡… buscando la forma de librarse de mí! —Spock vacila.

—Eso no es correcto. —Kirk lo ignora.

—Estoy francamente sorprendido de que no me hayan expulsado directamente…

—Eso habría sido poco elegante, incluso en el caso de que hubiera sido considerado. Cosa que no ocurrió. Si fuera capaz de contener sus especulaciones infundadas, yo podría proveerle de una explicación.

Kirk se queda quieto de repente.

—Ni siquiera sé lo que quiere decir eso.

Spock echa un vistazo alrededor de los silenciosos terrenos; aunque hay poca gente en las cercanías, Kirk tiende a ser el centro de atención incluso cuando no está involucrado en dramáticas negociaciones en medio de un campo de batalla.

—Ésta no es la localización apropiada para esta conversación —dice al fin—. Si quisiera acompañarme…

—¿Y darle el placer de decirme usted mismo que me van a tirar a una basurera? Genial, ¿qué podría haber mejor que eso?

—La Flota Estelar no tiene servicios de basura. La sanidad pública es controlada por la ciudad.

Kirk pone los ojos en blanco, pero el sofoco del enfado parece retroceder ligeramente, lo que Spock considera que puede considerarse un progreso.

—Es como hablar con un ordenador. —Kirk sacude la cabeza—. Está bien. Sólo… acabemos con esto pronto.

Spock indica el camino hacia su camarote, ante lo que Kirk muestra su acuerdo con un asentimiento cortante. Bloqueando la puerta, Spock ejecuta el comando de privacidad; tiene algunos estudiantes con una desafortunada tendencia a olvidar informarle de su presencia hasta que ya están en el interior de la habitación.

Kirk se planta en más o menos la misma posición que tenía la última vez que estuvo aquí, y con una actitud desconcertantemente similar.

—Su examen oral ha sido también su prueba de oficial —dice Spock finalmente—. Si se decide en su favor, se le pedirá que continúe en la Flota durante el verano para completar su entrenamiento de mando.

—Para una basurera…

—Señor Kirk —empieza Spock, pero la boca de Kirk está curvada en una ligera sonrisa—. Ya veo. Está utilizando el humor para disipar su nerviosismo.

—También funciona en situaciones de vida o muerte y en discusiones postcoitales incómodas —dice Kirk, relajándose—. Por favor, continúe, comandante.

—Su promoción extraordinaria está siendo alterada a una de carácter permanente, con la intención de ofrecerle la Enterprise cuando su entrenamiento haya sido completado.

La expresión de Kirk se vuelve de total confusión.

—Creía que los vulcanos no bromeaban.

—No lo hacemos. —Kirk no se mueve.

—Eso… Entonces por qué…

—En circunstancias normales, sería su consejero el encargado de informarle del cambio de posición —dice Spock—. O su superior más próximo. Dado que su consejero cayó en la Farragut y el capitán Pike sigue actualmente bajo supervisión médica…

—… se le encargó a usted como la única otra persona que me ha tenido bajo su mando. ¿No les cae bien, o qué?

Spock evita sus ojos; la incomodidad no es lógica.

—Estoy convencido de que si la Flota Estelar hubiese considerado la situación de forma íntegra, se me habría asignado tal función.

—Oh. —Kirk se lame los labios, apartando la vista—. No es que crea que esté mintiendo… Quiero decir, ya hemos pasado por las trampas y el amotinamiento y el abandono y todo eso pero, en serio, eso es una gilipollez. No se les ocurriría…

—En circunstancias convencionales, no. —Spock examina al humano menos convencional que ha conocido nunca—. Sin embargo, tras haber salvado a la Tierra de Nero…

—Ése no fui sólo yo, Spock.

—Por supuesto, señor Kirk. ¿Puedo continuar? El capitán Pike dejó también claros sus deseos respecto a quién habría de sucederle y, como usted bien sabe, el nepotismo ocupa un papel no menospreciable en las decisiones de Starfleet. Finalmente, la Flota no puede permitirse, como diría usted, ponerse quisquillosa, debido a la carencia de oficiales disponibles para los altos mandos. —Kirk le devuelve una mirada incrédula—. No todo el que se gradúa en Starfleet quiere pilotar una nave estelar, señor Kirk. En particular una cuya misión es la exploración de espacio desconocido. La pérdida de su clase no mejoró la situación en que se encuentra la Flota Estelar; el número de puestos libres excede con diferencia el número de oficiales disponibles.

—Está usted. —Los ojos azules se estrechan repentinamente—. ¿Están usando lo que pasó en la Enterprise contra usted? Porque había circunstancias atenuantes que…

Spock niega con la cabeza; posiblemente, Kirk es el único que desecharía un intento de homicidio en un puente de mando como producto de “circunstancias atenuantes”.

—Mi dimisión probablemente dificulte esa opción, señor Kirk. No tengo intención de permanecer en la Flota Estelar tras la finalización del entrenamiento de nuevos oficiales para la Enterprise.

La expresión de Kirk se altera abruptamente.

—¿Por eso me rechazó cuando se lo pedí? ¿Antes?

—Por supuesto. —Spock considera eso durante un momento—. Debo admitir que su propuesta resultó… intrigante.

—Oh. —Kirk vacila—. Siento que vaya a irse. Estaba esperando poder trabajar con usted de nuevo. —Cualquier otro, supone Spock, encontraría esa afirmación bastante cómica. Kirk relaja la postura formal—. En serio. No hay mucha gente con las agallas suficientes como para echarme de la nave y abandonarme en una bastante inhóspita réplica de Hoth, exacta incluso en la fauna autóctona.

Spock se tensa.

—Señor Kirk…

—Eh, yo habría hecho lo mismo. —Sonríe ampliamente—. Ya sabes. Si hubiese leído mi expediente y supiera que los calabozos no habrían sido demasiado desafiantes. Cosa que tú habías hecho. —La sonrisa se desvanece—. Espero que cambie de opinión, señor. —Spock inclina la cabeza—. Será mejor que… —Señala hacia la puerta distraídamente—. Oh, y para que conste, porque esto no está en mi expediente: hice un entrenamiento de supervivencia en la Antártida en mi primer verano aquí. La próxima vez que quiera deshacerse de mí, probablemente no debería probar con nada de clase M.

Spock lo mira fijamente.

—Dudo que esa situación concreta vuelva a tener lugar, señor Kirk.

El otro pone los ojos en blanco mientras abre la puerta, dedicándole una amplia sonrisa.

—La verdad es que espero que no. La próxima vez, puede que nos limitemos a escucharnos el uno al otro y nos saltemos la parte del exilio. Gracias, comandante. Nos veremos.

La puerta se cierra antes de que Spock pueda elaborar una respuesta apropiada.



Con retrospectiva, Spock debería haber previsto lo que ocurriría después.


DOS
TRES
CUATRO

Date: 2009-12-05 12:09 am (UTC)
From: [identity profile] criandomalvas.livejournal.com
\o/

Pero que bien te explicas cabrona. Y sí, me refiero al argumento del fic que has dado. Te alquilaría el cerebro cada vez que quisiera hacer uno.

Sigo amando los separedores de Y y su paciencia infinita ♥ (aunque yo creía que los de ciencias llevaban una espiral en el emblema. Cosas nuevas que una aprende, oye)

Y awwwww que me lo dedicas a pesar de que desinformo!! Tú piensa que la culpa es de las dos y esa manía que tenemos de contestarnos antes de hacernos las preguntas por ese nexo telepático nuestro y claro, tienes que perdonarme si a veces me creo que con tan solo pensar algo yo ya te has enterado tú.

Date: 2009-12-05 12:15 am (UTC)
From: [identity profile] ronnachu.livejournal.com
Pero si mi cerebro está a tu disposición, siempre escribiendo cosas por tu culpa! Otra cosa es que luego en la cadena esté el eslabón débil de mis manos, que son vagas y no quieren transcribir, y las cosas no lleguen hasta ti y no puedas leerlas...

Los emblemas que yo he visto son así! Pruebas o estás mintiendo!

Es muy cierto lo del vínculo telepático, al final es inevitable que pasen estas cosas, tsk tsk. Pero tranquila, me es imposible odiarte hoy. Y menos cuando acabo de ver esto:

Date: 2009-12-05 03:40 am (UTC)
From: [identity profile] sihaya-87.livejournal.com
OMG!
esto se ve muy bueno.
voy a resistir la tentacion de leerme el fic en ingles para poder seguirte la traduccion
pero me tienes que actualizar lueguito, eh?
mira que me mori con la ultima parte: "Con retrospectiva, Spock debería haber previsto lo que ocurriría después"
OMG! creo que amare este fic con locura... y me dejaste muy metida con la historia D:
saludos!

Date: 2009-12-05 02:28 pm (UTC)
From: [identity profile] ronnachu.livejournal.com
Ohhh, siento que tengas que resistir la tentación! Entiendo que te va a costar porque el fic es MUY BUENO. Y no voy a ponerme a hablar de lo maravilloso que es leerlo en versión original porque no me conviene xDDDD Claro que siempre te queda echarle un vistazo y luego seguir esto... Yo entre una cosa y otra me lo habré leído nueve o diez veces, y me sigue enamorando como al principio <3

"Con retrospectiva, Spock debería haber previsto lo que ocurriría después"

Y lo que va a ocurrir tiene tela y es GRANDE. Te lo traeré en cuanto pueda :P Muchas gracias por leer!!

PD. Qué monada de icono *o*

Date: 2009-12-28 08:42 pm (UTC)
From: [identity profile] helenadax.livejournal.com
Me uno tarde a la tripulación, pero me uno, que quiero leer algo bueno de este fandom. De momento me he quedado muy intrigada, voy a ver el segundo capi ^^

Date: 2009-12-28 10:37 pm (UTC)
From: [identity profile] ronnachu.livejournal.com
Bienvenida!! Espero que no te arrepientas, esto es de lo mejor que yo he visto en el fandom y me gustaría que más gente lo descubriera =D

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ronnachu

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